Cada vez que pienso en cómo se crea un perfume no puedo evitar pensar en la figura de “la nariz”, indispensable y verdadera autora de la creación de perfumes evocadores y con características propias.

El perfume. Generalmente atribuimos el mérito de tal o cual fragancia a la marca o nombre comercial, y nos olvidamos de ese personaje indispensable, y en muchos casos, el verdadero artífice de esa interpretación de sutiles aromas que dan forma a un perfume. Ser capaz de crear algo que en una fracción de segundo, deja huella en la mente, despierta recuerdos, emociones y envia un mensaje con las sensaciones que quieres transmitir, me parece espectacular y solo puede ser obra de un artista, con mayúsculas: “la nariz”

El misterio de las fragancias

El perfume: Una cuestión de olfato

Cuando se habla de el perfume ideal, si buscas impresionarte solo tienes que entrar en algunas perfumerías. En mis escapadas a Andorra he disfrutado de una forma especial con esa experiencia. La variedad de marcas y de aromas es abrumadora. Hablo de la perfumerías tal y como las conocemos hoy, grandes superficies con muchas, muchísimas variedades de formatos y concentraciones de fragancias. Hablaremos en otra ocasión del perfume artesanal, que tiene un público muy extendido y merece un apartado propio.

Hay quien asegura que crear el perfume es un proceso similar a hacer música, como resultado de un sinfín de notas olfativas que se combinan acordes para dar cuerpo a una fragancia. Puedes leer sobre ello en el artículo las notas de un perfume, que seguro también encontrareis interesante.

Así que, en mi primer artículo para esta sección propongo un homenaje al verdadero creador, al artista anónimo en muchos casos, “la nariz”. El especialista olfativo que encuentra diferencias entre cientos de fragancias distintas, para mezclarlas y formar una especial y original, sin más instrumentos que su sentido olfatorio.

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